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UNA CUCARACHA EN MI SALÓN O LA SOLEDAD DEL ESCRITOR

Madrugada en mi salón. ¿Son las dos? ¿Las cuatro, quizás? Sentada frente al portátil tecleo de manera ágil mientras escucho música. El verano está en su máximo apogeo aunque estoy concentrada y la historia fluye. Las vacaciones son ideales para dedicarse a la escritura: tardes largas, noches calurosas e insomnes donde, leer o escribir son dos buenas alternativas a ver televisión hasta que se cierren los ojos agotados de series repetidas o reposiciones de películas.

Me gusta dedicarle horas y horas de este tiempo estival a la escritura, ver como la novela va tomando forma y de ser posible acabarla. Aunque ese proceso no pone fin a la tarea, todavía queda mucho camino por delante hasta que la historia está completa, lista y perfilada. Quedan revisiones por venir, tantas que pierdo la cuenta cuando inicio ese trabajo de revisión y corrección.

Sigo tecleando, diálogos divertidos y ocurrentes me vienen casi sin pensarlos, pongo a mis protagonistas a discutir, a enzarzarse en un tira y afloja cargado de ironías, segundas intenciones ¿y por qué no? un poquito de tensión sexual. ABBA suena a través de los auriculares, he seleccionado un recopilatorio de sus mejores canciones, las más bailables, y estas me mantienen atenta y con ganas de teclear a buen ritmo.

Un mini Alien

Pero de repente algo entra en mi campo de visión, algo que no debe estar ahí, el mismo ser de todos los años por esta misma época, una mancha que me deja inmóvil, que intuyo qué es pero que, no quiero que sea por todo lo que me provoca. De inmediato los pelos de la nuca se me erizan, y no solo en esa parte, en todo el vello de mi cuerpo se produce la misma reacción.

Ahí, frente a mí, hay una visita no deseada, ha llegado con nocturnidad y alevosía: una cucaracha grande, fea, enorme, que acaba de hacer acto de presencia salida de no sé dónde, porque como una mema miro en varias direcciones, todo está cerrado y las ventanas que están abiertas lucen sus perceptivas mosquiteras; las zonas de paso tienen sus obligatorias (para mí) trampas anti cucarachas y he rociado convenientemente con ese afamado espray efecto barrera, repisas y puertas, para, según anuncia la publicidad, impedirles el paso.

La heredera

Así descrito, el bunker en el que convierto mi casa, parece que soy presa de una plaga, pero por fortuna no es el caso, porque  solo me visita una, esa que tengo ahí en la pared que me barrunto que debe ser heredera de la del año anterior y así retrospectivamente. Porque por aquí no merodean más miembros de su insecta familia, y tampoco lo hacen a otra hora ni ante otros miembros de esta familia de humanos, solo a mí, solo yo soy testigo de esa perturbadora visita… «La noche de la cucaracha», «La cucaracha de las 3:10», «Ciudadana Kucarachen», «La hora de la cucaracha», «The walking cucaraching» (vaya desde aquí mi homenaje cinematográfico y televisivo: La noche de la iguana, El tren de las 3:10, Ciudadano Kane, La hora de la araña, The walking dead).

Un plan

Ya he pegado un bote de la silla y me he arrancado los auriculares, pero ya no me muevo más, porque sé que ella me vigila. Pienso, creo firmemente que si yo no me muevo ella no lo hará tampoco y en ese intervalo me da tiempo a urdir el plan de todos los años: acercarme hasta la cocina, coger la escoba y la espuma limpia hornos.

Sí, habéis leído bien, es mejor no abusar del insecticida. Por experiencia ajena sé que usarlo como si no hubiese un mañana y en cantidades industriales como si estuviésemos fumigando desde una avioneta un campo de maíz, no puede más que provocaros una asfixia y que, al querer huir de ese ambiente saturado acabéis encerrados en una habitación. Y mientras vosotros os sentís atemorizados por un ser de unos 30 mm. más o menos, el ser campa a sus anchas por vuestra casa como reina y señora del lugar, sitiándoos y sin permitir que abandonéis vuestro provisional escondite.

El insecticida solamente la atontará e irá a refugiarse entre algún mueble, donde no la encontrareis. La espuma, en cambio, la empapará por completo y no la dejará moverse y yo soy como los del C.S.I., forense incluido: me gusta hacer el levantamiento de cadáver para poder proseguir con mi vida. El C.S.I. de Grissom, por supuesto, quiero aclarar.

El uso irremediable de la fuerza

Prosigo: me deslizo hasta la cocina a por mis armas de destrucción masiva, rogando, casi implorando que a mi vuelta al punto de encuentro cucarachil, ella no se haya movido, porque si ya no la ves sabes que estar está, ahora bien, ¡¡¿dónde?!! Y si no la visualizas ya te ves a ti misma pertrechada de la escoba y con tus ojos haciendo de radar casi girando dentro de las cuencas para poder obtener una visión de 360º.

Tus ruegos surten efecto y no se ha movido y en ese punto de tu lamentable noche de escritura, te das cuenta de que el corazón te late desbocado y te baña un sudor frío. Tu imagen, escoba en mano y ojos desquiciados, se refleja en el cristal de la puerta del salón, esa que separa a los bellos durmientes familiares de la «Dora la exploradora» en la que te has convertido debido a un insecto. Parece que vas a explorar el África profunda o a reventar la caja fuerte del banco de España, como si estuvieses a punto de cometer un acto feroz. Estás nerviosa, aterrada y todo parece indicar que es el bicho quién te tiene acorralada a ti y no al revés.

Volare, oh, oh… Cantare oh oh oh oh

Tú ya sabes que ella sabe lo que va a ocurrir y entonces rezas para que no haga un número de circo y se arroje sobre ti, imploras con decisión: «¡¡¡por Dios, que no sea de las que vuela!!!!». Decidida, lanzas el primer escobazo… y no le das… la escoba es infinitamente más grande que el infecto insecto y te planteas: ¿cómo puedes no darle? Pues no le das y ella huye, rápida y veloz con sus diminutas pero agiles patitas y lanzas otro escobazo, con más ganas, con más estrépito y en ese punto sabes que casi todo tu edificio se ha despertado, menos el personal de tu familia, que por supuesto no se inmutan y si lo hacen intuyo que piensan que mejor no saber qué ocurre en el salón en las horas de creación literaria.

Hace años habría corrido despavorida y dando gritos nada más vislumbrar movimiento en la pared, ahora ya no grito…hacia fuera, aunque mi grito es aterrador… hacia dentro. Antes el crujido que emitían al matarlas me resultaba escalofriante, ahora lo tengo asumido… debe ser la madurez ante los peligros de la vida.

Cuando toda esta fiesta acaba y con la cucaracha convenientemente rociada de espuma de hornos (por favor, probadla), regreso a mi silla, ante el ordenador que permanece con la pantalla en negro. Ya no sé ni por donde iba, parece que han pasado años desde mi avistamiento hasta que se ha perpetrado el asesinato. Atemorizada oteo por todo mi salón… ¡qué sola me siento! Es terrible la soledad del escritor.

Autor

antonio.izquierdo.ai@gmail.com

Comentarios

27 agosto, 2019 a las 11:12 pm

Jajajajaja. Me ha encantado, es la cruda realidad hecha humor. Me siento totalmente identificada. Espero que esa novela que escribes no pare por una simple y asquerosa cucaracha. Espero leerla.pronto.



Cristina Logopeda
28 agosto, 2019 a las 10:27 am

Buenísimo lo de Dorala la exploradora!! Totalmente visualizado y cierto!! Jajajajaja!! Me encanta cómo haces de un hecho tan simple a la par que repugnante (me dan tirria las cucarachas) algo muy divertido con su punto de suspense jajajajajaja!! Eres capaz de lo que quieras con tu escritura!



30 agosto, 2019 a las 10:39 pm

Si es que hasta de una cucaracha serías capaz de escribir una novela de humor y suspense. Eres única.



3 septiembre, 2019 a las 5:16 pm

Me ha encantado!!!. Recuerdo una noche que se atrevió a visitarme una de estas simpáticas cucarachas, espalda arriba mientras dormía placidamente en mi cama. Fue tal el salto que di al ver lo que era, que pase por encima de mi marido. Una noche muy entretenida hasta que conseguimos terminar con ella. Buen consejo el de la espuma de horno, lo tendré en cuenta.



24 septiembre, 2019 a las 11:27 pm

Solo tú podías contar con tanta chispa ese momentazo con la cucaracha 😂. Escritora superviviente ante cualquier peligro, siempre ingeniando como salvar la situación.Muy bueno el post😘



24 septiembre, 2019 a las 11:28 pm

Solo tú podías contar con tanta chispa ese momento con la cucaracha 😂. Escritora superviviente ante cualquier peligro, siempre ingeniando como salvar la situación.Muy bueno el post😘



24 octubre, 2019 a las 8:25 am

I have been reading out some of your stories and it’s pretty good stuff. I will definitely bookmark your website.



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