¿cómo autopublicar un libro?
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¿TE ANIMAS A AUTOPUBLICAR?

En el espacio destinado a novelas esta semana lo voy a dedicar a la experiencia de dos escritores que se lanzaron a autopublicar. ¿Os gusta escribir y no sabéis si optar por esta opción o buscar una oportunidad en alguna editorial? Os animo a leer las inquietudes de estos dos autores que quizá os ayuden a despejar algunas dudas:

Por un lado Jon Ícaro, autor de un poemario y de varias novelas publicadas en su curriculum de escritor. También lo podéis encontrar en su blog para disfrutar de su buen hacer cuando se trata de contar y explicar los más variados temas. Y por otro lado Sonia R. Salvante, autora novel recién publicada en el género romántico.

JON ÍCARO NOS CUENTA QUE…

Ese es mi seudónimo, es decir: así se llama el traje que me pongo a la hora de crear historias y lanzarme a la selva literaria. No sabría decir muy bien el motivo por el cual comencé a escribir, y diría que ese esa es la razón más pura de todas: porque sí, porque me apetecía, o lo necesitaba, o simplemente porque era lo que salía de mí, allá por mi adolescencia.

Y como aquellos que hacen las cosas por pasión, pronto sentí el veneno de ir más allá de acumular historias una tras otra en mi inventario e intentar trascender, porque todos escribimos, en mayor o menor medida, para ser leídos. Y en ese sentido, la publicación de un libro es el sueño que todos los que nos dedicamos a juntar letras compartimos.

Por aquel entonces, solo se contemplaban dos opciones para conseguir la ansiada publicación: que te aceptara una editorial o ganar un concurso (prestigioso, a poder ser). En ocasiones, lo uno va unido con lo otro, pues ganar una competencia se convierte en un escalón más para que las editoriales hagan algo más que lanzar tu manuscrito a la basura. Pero en mi caso, ni así. A pesar de haber ganado dos concursos, no había un editor que confiara en mi ilusión por publicar. La cicatriz del rechazo editorial, me temo, también la compartimos muchos.

La primera autopublicación

Y… llegó Amazon, que para muchos es el equivalente al ángel de la guarda literario. Y eso me dio la oportunidad de publicar El sanador del tiempo, una novela que mezclaba viajes en el tiempo con ciencia ficción de manera que sus personajes viajaban a épocas pasadas para curar enfermedades presentes. Y fue como lanzarse sin paracaídas al precipicio del panorama editorial. Publicar se ve muy bonito desde fuera, cuando uno, de manera ingenua, se cree que para ser escritor solo hay que escribir. En el momento en el que asocias tu éxito a un índice de ventas, todo cambia.

Y cuando publicas es cuando verdaderamente te das cuenta de que a nadie le importa tu libro, y de que para llegar a la gente necesitas  dedicar a su promoción más horas de las que tiene el día. El sanador del tiempo fue mi bautismo de fuego, ese libro más que un sueño cumplido, se convirtió en unas gafas que me mostraron la realidad editorial. Pero a base de palos, conseguí meterlo en el Top 10 de su género en Amazon e incluso podría decir que en un momento de mi vida podría haber vivido incluso de él (aunque solo fuera por un mes).

Una oferta de editorial

Este bautismo de fuego (junto a aprender a hacer una buena propuesta de edición), me permitió acercarme al panorama editorial. Rechacé un contrato de Atlantis, porque iluso de mí, creía que no iban a dedicar el suficiente cariño a mis obras. Pienso en este momento lo que debieron descojonarse por mis aires de grandeza. Sí acepté, en cambio, el de B de Books, porque estar respaldados por Ediciones B, editorial que publica a mis amados Mortadelo y Filemón, me embrujó.

Así que con ellos lancé El corazón del aedo. Y me di cuenta de que publicar por editorial no me daba ninguna ventaja, que tenía que seguir trabajándome yo las ventas con la única diferencia, atención, de que en este caso el 94 % de los beneficios se lo quedaban ellos. Eso desanima a cualquiera. Dejé de ser escritor para convertirme en un comercial de mi propio libro y que las ganancias se las llevara otro. Y por ahí sí que no. Así que, así quedó aquella obra: muerta y enterrada.

DESENGAÑOS EDITORIALES VERSUS BENEFICIOS DE LA AUTOPUBLICACIÓN

Desengañado y libre de la falsa percepción del beneficio editorial, volví a Amazon. ¿Por qué? Porque publico cuando quiero, sin esperar año (y pico) a que lancen mi obra. Y si quiero hacer una reedición para arreglar algún fallo o para aprovechar alguna fecha señalada, pues la hago. También porque me llevo un 60 % de los beneficios en papel y hasta un 70 % de los derechos en digital.

Me permite pedir ejemplares como autor a un precio insuperable por ninguna imprenta (a unos 3 euros por unidad) y venderlos en mano sacándole aún más rentabilidad. Y porque el precio de venta lo decido yo, por supuesto. Ah, y porque me pagan mensualmente y tengo un registro de ventas para saber cómo me va y qué hago bien o no, en lugar de un informe y paga anual como hacen la mayoría de las editoriales que no sirve mucho para saber la situación de uno en el mercado.

En resumen: doy prioridad a Amazon porque me siento más dueño de mi libro, que de eso se trata, de que cada uno pueda criar a su criatura sin depender de manos ajenas. Supone más esfuerzo al tener que aprender a usar la plataforma y editar el libro uno mismo, pero merece la pena.

En esa tesitura publiqué En el nombre de Eva, una ópera-space sobre el empoderamiento de la mujer, que no me sirvió más que para reiterar que si uno no empuja a su obra, de nada sirve publicar. Malos tiempos para mimarla y, por lo tanto, resultados a la par.

MASIFICACIÓN

Y a esas alturas de mi recorrido, fue cuando sentí el vértigo de mirar atrás. ¿Dónde estaba ese motivo tan puro que era simplemente escribir porque de verdad era una necesidad? El veneno editorial es muy fuerte cuando te centras en vender tus libros. Y más aún en la jungla en la que se está convirtiendo Amazon. Que la plataforma es una bendición para los autores no lo niega nadie, eso es cierto, pero que gracias a ella se ha masificado la publicación tampoco. Ahora, como si no tuviéramos bastante con competir con clásicos y obras, cuyos autores ya descansan en paz glorificados, los libros se multiplican a diario como los panes y los peces añadiendo nuevos competidores.

Publicar para vender se convierte cada vez más en una locura. Y no solo con la intención de monetizar, sino simplemente para ser leído. La atención del lector está más cara que nunca. Y consciente de ello, y a todas luces fuera del sendero original, decidí volver a mi camino. Y lo encontré en una de mis pasiones: los gatos. Comencé a escribir por y para ellos, creando historias donde tuvieran un papel fundamental. De ahí salió Gàta (un viaje al lado de Alejandro Magno que nos demuestra cómo los animales nos pueden convertir en personas).

Y la reciente: El último gato vikingo (historia romántica entre un normando supersticioso y una vikinga manipuladora).

De vez en cuando hago eventos que tienen que ver con los felinos, y eso ya justifica seguir dándole a las teclas. Y además, para dejar salir el veneno de la comercialización, un tiempo al menos, ofrezco las novelas gratuitamente en jonicaro.com.

Ahora, por fin, vuelvo a sentir que esto solo es entre yo, que tengo algo que contar, y tú, que incondicionalmente te interesas por mi obra. Y ese puente mágico que une a dos desconocidos a través de las palabras, es el que me empeño en recuperar en esta nueva deriva literaria.

Os dejo con la segunda experiencia en lo que a la autopublicación se refiere:

SONIA R.SALVANTE NOS DICE…

Escribir o no escribir…

Esa no es la cuestión. El que escribe, sea porque le guste o lo necesite –o ambas- , no se plantea más allá de ponerse ante un folio en blanco y dejar volar su imaginación a la vez que sus dedos. La cuestión, cuando escribir ya es algo más que un hobby, creo que es si publicar o no.

No sé las circunstancias que movieron a los demás a la hora de tomar esta decisión, pero sí os voy a contar las mías, que para eso estoy aquí.  Yo soy alguien que escribe… y mucho. Y desde siempre, que recuerde. Y estamos hablando de que acabo de cumplir los cuarenta y dos y tengo únicamente una novela publicada y otra que está al caer. Aunque podría decirse que es una sola obra, pues se trata de una bilogía: ENCUENTRO DE ALMAS

Las letras y yo

Estaréis pensando, y con razón, que entonces tanto no escribo, ¿no? Claro que lo que no sabéis es la existencia de otra bilogía que estoy «afinando», la de otra novela en la que me hallo inmersa y de esas muchas otras que se encuentran repartidas entre carpetas por mi casa y que no llegué a acabar porque, total, nadie me leía, y cuando me bloqueaba, era más fácil comenzar una nueva. Son tantas las historias que se pasean por mi mente que siempre había algún otro protagonista encantado con hacerse con mi tiempo.

Pero algo cambió. Sí. Y es que empezaron a leerme. Así que terminar una historia fue un paso obligado. Y cuando esa historia pasó de mano en mano, la pregunta del millón ya era: «¿Por qué no la publicas

Publicar. ¿Publicar?

Puf… Eso era un sueño. Ser escritora «de verdad». Vaya: una utopía. Una ilusión que hacía años solo rondaba por mi cabeza como mi gran secreto. Porque ya tenía una edad y no resulta entrañable soñar con determinadas cosas, ¿no? Cuando eras niña podías decir que querías ser actriz, bailarina, cantante, astronauta… Y quedaba bien. Ahora… Ahora tocaba permanecer con los pies sobre la tierra, y publicar lo veía tan lejano e imposible como alcanzar la luna.

Es que no sabía ni por dónde empezar. Además, ahí estaban mis inseguridades, acechando y machacando. «Una novela romántica… » «¿Tú sabes la de novelas de ese tipo que hay en el mercado?». «Es una bilogía larguísima -que lo es-…. Si ya es difícil que te publiquen un libro, ese enormidad todavía más». «Y quizá no sea ni buena, porque que guste a la gente de tu entorno no significa que lo haga a un experto». Bueno, os podéis imaginar el percal, ¿verdad?

Un kindle en mi vida

¡Ah! Pero ahí es cuando entra mi marido con el mejor regalo de San Valentín que podría haber esperado: un Kindle, sí, un kindle. Y os juro que soy muy romántica y, como a todos los grandes lectores, me rechifla el olor del papel de un libro impreso, pasar sus hojas, sentir su peso y todas esas cosas… Pero cuando el espacio comienza a escasear y relees más de lo que lees porque si no te arruinas, pues… Pues un kindle es un muy buen regalo, creedme.

Sobre todo para mí, porque con él llegó la solución a esa duda que me corroía, a ese quiero y tengo miedo, a ese: «¿y ahora qué hago con todo lo escrito?». Porque a esas alturas, y siendo del todo sincera, eran mucho mayores las ganas de que me leyeran que la vergüenza a que lo hicieran. Quería demasiado a mis personajes para seguir escondiéndolos en un cajón.

La autopublicación

Con el kindle en mis manos, un mundo desconocido se abrió ante mí. Descubrí la autopublicación. Cientos de novelas de las que nunca había oído hablar y que pude disfrutar; decenas de escritores entre las que encontré auténticas maravillas; y una posibilidad de formar parte de todo eso.

No lo pensé demasiado. Aunque sí me informé. Y para eso internet fui mi aliado, aunque todas sus páginas me llevaran a Amazon y a KDP: su plataforma de autoedición que te permite, en un cortísimo espacio de tiempo, tener tu obra a disposición de los lectores, tanto en ebook como impreso.

Fácil, rápido y gratis.

¿Qué más se puede pedir?

Pues supongo que aquí ya entra el perfeccionismo de cada uno, el respeto al público y a uno mismo.

Fácil sí es. Y eso os lo dice alguien negada del todo para la tecnología. Es un programa sencillo del que incluso puedes encontrar tutoriales en Google para las pocas dudas que te puedan surgir. No os señalo ningún enlace por dos motivos: Soy un desastre en estos menesteres, ¿recordáis? Y, por otra parte, vi tantos que no sabría decir ni cuales eran.

Con respecto a su rapidez… Asegurada.

¿Barato? Puede serlo, sí. Sólo hay que subir el archivo del libro y una portada y listo. Y hasta ellos tienen unas plantillas para que diseñes esta última tú mismo.

Ahora, ¿lo fue para mí?

Mi experiencia

Como os decía anteriormente, en el mundo de la autopublicación me encontré con libros de diez, pero… soy sincera: ¡ también con cada cosa que era para morirse de pena!

Así que, si algo tenía claro, es que mi libro iba a pasar por las manos de una correctora y por una maquetación digna de él. Lo que se llevó un dinero que doy por muy bien empleado, la verdad. Principalmente porque soy quien lo escribió, pero también la que lo puso ante vosotros, la que cuidó cada detalle y la que vela por él.

Prejuicios

Y no, no comparto esa opinión de que si es a través de una editorial te va a ir mejor, tiene más caché o es una mejor obra. Hay de todo en todas partes. Malos y buenos.

Prefiero pensar que es más un combinado de trabajo y ganas… con una rodajita de suerte.

Aquí tenéis a Sonia R.Salvante con su sueño cumplido firmando ejemplares en la presentación de Encuentros de alma

Recientemente Sonia R.Salvante ha publicado la segunda parte de su bilogía

Autor

antonio.izquierdo.ai@gmail.com

Comentarios

24 enero, 2020 a las 9:34 pm

Ha sido un placer compartir contigo mi experiencia, Pintina. Y enhorabuena por este blog dinámico que logra arrancarme una carcajada cuando menos lo espero. Muchas gracias.



27 enero, 2020 a las 7:39 am

Encantada de leer a Sonia; hablo con ella a veces a través de Instagram y estoy leyendo la segunda parte de su bilogía, que me parece preciosa y que me tiene completamente enganchada, ella lo sabe. Me veo completamente reflejada en los comentarios de Sonia, ya que mi experiencia es muy similar, aunque yo aún he empezado más tarde que ella a escribir, pero corroboro su opinión en cuanto a la autopublicación en Amazon. Para mí también fue un gran descubrimiento.
Sonia, sigue publicando, porque estoy segura de que muchos, como yo, te seguiremos leyendo. Besos



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