París
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París, siempre una buena idea

Hay unas ciudades que nos resultan más atractivas que otras, son esas que estamos deseando visitar por encima del resto. Las razones pueden ser múltiples, o solo una única razón nos anima a viajar a un sitio en concreto.

Para mí una de esas ciudades es París, desde siempre. Añado, además, que el francés me parece un idioma muy atractivo (en eso coincido con mi pelirroja de la bicicleta, la protagonista de mi novela publicada), por su musicalidad, por la cadencia de sonidos… es especial para mí, sin duda alguna.

CLIMA DESÉRTICO EN LA CIUDAD DE LA LUZ

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar la ciudad y pese a las temperaturas que nos hemos encontrado he de decir que no me ha defraudado, como a veces ocurre con otros lugares que estás deseando recorrer pero que, a la vuelta de tu viaje no te dejan del todo satisfecho o con buen sabor de boca. La verdad es que la ola de calor y esa climatología casi casi desértica no es lo que uno desea ni espera encontrar, no al menos en esta ciudad en concreto, pero claro, cuando reservas con un mes de antelación es imposible predecir qué tiempo te vas a encontrar.

Al consultar las predicciones días antes vi lo que nos esperaba, por lo que íbamos más que mentalizados. Así que el dicho que vino hasta mi cabeza fue: «París bien vale una misa», que en este caso hubo que cambiarlo, ante lo inevitable por: «París bien vale una ola de calor».

¿CÓMO APROVECHAR AL MÁXIMO EL TIEMPO EN PARÍS?

Sin duda eso depende de cada uno. Y nosotros, ahora que ya sabíamos a qué debíamos atenernos, climatológicamente hablando, debíamos pensar en cómo aprovechar el tiempo en la ciudad. Cuando planeas un viaje decides dónde alojarte pero el tiempo que no pases en el hotel debe ser empleado al máximo, sobre todo si dispones de pocos días para disfrutar del lugar.

Y entonces, puedes lanzarte a recorrer grandes monumentos, visitar museos varios y los espacios emblemáticos más característicos… Pero en ese punto de la decisión puede invadirnos algo de estrés y ansiedad al pensar que París es muy grande, es mucho que visitar y que sin duda no nos va a dar tiempo. Y con tan pocos días de estancia debemos plantearnos seriamente si de verdad sirve de algo recorrer sala tras sala de los importantes museos viendo obras de arte reloj en mano, porque ya que estás allí no vas a dejar de ver este cuadro y esa obra y aquel otro retrato. ¿Realmente esto se disfruta? Yo pienso que no.

Inconvenientes y molestos selfis

Recientemente ha sido noticia las colas de espera para hacerse un selfi ante La Gioconda… Eran eternas. Lo de los selfis en los museos merece no un simple comentario en este blog o toda una entrada ¡¡merece un blog al completo!! Más una prohibición en todo el mundo, porque no lo entiendo y jamás entenderé como nadie puede hacerse una foto con un cuadro o simplemente hacerle una foto a un cuadro; es una obra viva para disfrutarla mientras la tienes ante ti y podrás ver y recrearte en su imagen en cualquier enciclopedia siempre que desees. ¿Tu foto ante el cuadro es para decirle a los demás «yo estuve allí»?

Retomando el tema de las visitas a los museos, sinceramente, ya he estado en el museo del Prado 5 veces en mi vida (y sé que repetiré unas cuantas veces más), verlo al completo del tirón es un disparate, no sirve de nada como no sea para decir otra vez: «yo estuve allí», y llegados a ese punto, como ya has estado allí, ¿no piensas regresar? Hay tanto que ver y disfrutar, tanta obra con infinidad de pequeños detalles que saborear que, ¿cómo no vas a volver? Mejor centrarse en un autor o autores o un par de salas en concreto y regresar, tantas veces sea necesario. Una visita corta pero bien aprovechada, que realmente se disfrute de las obras, de los autores y del espacio en el que conviven.

Así que valorando el tiempo de estancia, las opciones que teníamos y las ganas de ciudad que nos movían pensamos en dejarnos llevar y salir simplemente a la calle, dejarte guiar a veces por un mapa y otras por tu instinto viajero. Es decir recorrer la ciudad, así de sencillo y esta ha sido, en esta ocasión, nuestra opción: visitar un París de puertas hacia fuera.

PARÍS DE PUERTAS HACIA FUERA

Las posibilidades son enormes una vez allí, qué duda cabe, pero esta era mi primera vez en una ciudad tantas veces soñada y yo quería otro París, porque sé que voy a regresar y cuando eso suceda mi tiempo allí lo distribuiré de otro modo, y será empleando minutos y horas en ver los tesoros que encierra el Louvre, el museo d´Orsay, la casa museo de Rodin y la que espero esté totalmente restaurada: Notre Dame.

Tenía por tanto dos días, ¿poco tiempo en París? Desde luego, nunca es suficiente, pero había que aprovecharlo y creo que eso he hecho. Hemos paseado, callejeado y mirado; nos hemos sentado en los cafés a degustar un café au lait con su pertinente cruasán, hemos comido en el bistró y cenado en las brasseries: crepes, quiches… Hemos pellizcado baguettes, hemos acabado cruasanes a deshoras en grandes bocados, nos hemos llenado los ojos de la arquitectura típica de los edificios de París…

El monumental Louvre, el imponente edificio de la Sorbona, el puente de Alejandro III, el Arco del Triunfo, los campos Eliseos, la Plaza de la Concordia, la espectacular Torre Eiffel (os recomiendo comprar la entrada antes de viajar, por ahorrar en colas, aunque si no decidís subir también se puede acceder al recinto, totalmente gratis, donde obtendréis unas fotos impresionantes en contrapicado de la torre. Aunque para entrar también deberéis hacer cola y siempre mostrar vuestra mochila a los vigilantes de la entrada. Si os decidís a hacer el ascenso, en vuestra primera parada encontraréis un suelo acristalado en el que os invito a hacer la croqueta si en vosotros el vértigo no es un problema, la vista hacia abajo desde ese punto es inquietante, aunque conviene no perdérsela.

Tantos y tantos edificios, pero por encima de todo la pena de no disfrutar de la bella Notre Dame.

LA AGUJA DE NOTRE DAME

Para mi esta catedral tiene una importancia especial, mucho más que cualquier otro monumento de París y en este caso es por un motivo muy didáctico. Me remonto a mi época de Bachillerato cuando por grupos hubo que realizar un trabajo para la asignatura de Historia: montar la maqueta de la catedral en papel.

Y lo que en un principio nos pareció un rollo acabó siendo toda una aventura: formar el grupo, juntarnos todas las tardes, repartir tareas, discutir cómo empezar, consultar imágenes de Notre Dame una y otra y mil veces más para saber que lo estábamos haciendo bien: arbotantes, contrafuertes, cubierta, torres… esa aguja que ya no existe. Sí, porque ya no apunta al cielo.

Uno de mis deseos era contemplar in situ la catedral, nada ansiaba más después de aquellas dos semanas intensas montando una Notre Dame de papel. Pocas veces me he sentido tan orgullosa de un trabajo como el día en que por fin entregamos nuestra maqueta, esa que tantas veces nos hizo discutir y también reír puesto que fueron tardes de trabajo muy entretenidas. Y al ser de papel la protegíamos como si fuese una prolongación de nuestro propio cuerpo, tan solo intentando que llegase intacta hasta el día en que por fin la entregásemos.

Pero Notre Dame se quemó y…

Ver la catedral arder por televisión fue triste, parecía que era aquella maqueta en papel de hace años por cómo la devoraban las llamas. Los monumentos de todo el mundo deberían ser inmortales, para siempre, año tras año y siglo tras siglo, que pase el tiempo para todos salvo para ellos y que por supuesto nada pueda afectarles, ni fenómenos naturales ni mucho menos la mano del hombre.

La tarde que por fin pude tenerla frente a mí fue impagable, ya acercándome hasta la catedral notaba cómo una media sonrisa se dibujaba en mi boca, sin pretenderlo, puesto que los labios se me curvaban solos, intuyendo lo que mis ojos estaban a punto de disfrutar. Justo por la acera por la que caminaba no se vislumbraba nada, hasta que antes de acabar… la tienes ante ti. Aquí cabe un «ohhh» tan grande como el edificio en sí o más. ¡Qué bonita, pero qué bonita es! Y cómo refulgía el blanco de la piedra en plena canícula.

Nada de lo que aquí diga puede compararse a estar frente a ella, ni su blancor, ni su belleza, ni lo imponente, ni su altura, ni lo majestuoso, ni la tristeza por verla así: rodeada de vallas en las que lucen los obligatorios «prohibido el paso». Y pese a no estar parecía que la enorme y esbelta aguja parecía dibujarse y apuntar hacia el cielo de París, porque la imagen de Notre Dame permanece en nuestra retina como si nada hubiese ocurrido meses atrás. No es así, lamentablemente, pero quizá es el enorme deseo de verla restaurada y completa de nuevo.

Interdit au public

Pegada a esa valla, que ahora la separa del público y al comprobar todo lo que ya no está y también al ver las partes que se empezaban a reconstruir, un pensamiento pasó por mi mente, y es que me sentí como una niña mirando a través de la separación de metal y pensé del mismo modo en el que lo haría una niña cuando se preocupa ante alguien querido que está enfermo: «Ponte buena» fue mi único pensamiento.

Bordeamos la catedral y ya en el otro lado del río teníamos una impresionante imagen de todo el edificio y allí te quedas, sentado, mirando, sin apartar la vista, porque no te apetece moverte de ese lado del Sena para poder contemplarla para siempre.

DEL RIO SENA AL BARRIO LATINO

En ese lado tenéis la oportunidad de embarcaros en un crucero por el Sena gracias a la compañía Bateaux Mouches, las opciones que ofrecen son variadas, un crucero simplemente o hacerlo disfrutando de una cena. Mi opción fue de simple paseo y la experiencia no fue tan bonita como en un principio pensé, imagino que el París nocturno, iluminado y serpenteando por el rio tendrá más encanto que a media tarde.

(Para una visita de toda la ciudad tenéis los autobuses turísticos, donde los precios, nada populares, rondan los 20 euros por persona)

Nos despedimos de Notre Dame casi sin dejar de mirar hacia atrás y seguimos, París aguardaba y el tiempo pasaba, así que una vez en esa zona lo mejor es visitar el barrio más antiguo, el barrio Latino; allí se encuentran, entre otros muchos monumentos, el Panteón de París, la Sorbona y los jardines de Luxenburgo.

Parisinos invadiendo las calles

Y pese al calor los parisinos disfrutan en la calle, en los cafés, sentados a la orilla del río, en las muchas sillas que se distribuyen por los jardines para que disfrutes de tu lugar favorito, colocando este mueble en la parte del jardín que más te convenga, a solas para leer o en compañía disfrutando de la tarde, pese al tórrido calor. No es de extrañar su actitud frente a esos días de excesivo bochorno puesto que al año tan solo disfrutan de unos 70 días de sol.

Callejeando sin parar paseas por barrios con un encanto de cuadro, una diminuta acuarela de las que tantas veces podamos haber visto en cualquier libro de arte. Merendamos en un café turco y disfrutamos de sus deliciosos dulces bañados en miel y rellenos de almendras y pistachos.

Después, y para aplacar en algo el calor, apetecía un helado, un refresco, agua, algo fresco, y en una pequeña tienda encontré un gélido tesoro: no nos decidíamos por qué helado cremoso elegir cuando en un rinconcito del congelador mi mirada se topó con unos coloridos flash. Mis ojos daban vueltas de alegría, me parecen de lo más refrescante, mucho más que los helados cremosos, además, los llevas en la mano y es delicioso sentir esa sensación fría: naranja, fresa y cereza fue lo que degustaron mis papilas ¡¡y a toda velocidad!! que no estaba la tarde para esperas.

En el barrio Latino intentamos dar con la «Calle del gato que pesca» la segunda más estrecha de París (1,80 metros) tiene su propia leyenda y un dibujo que representa al nombrado gato. Si vais por allí os animo a encontrarla.

Un cuqui-hotel El hotel en el que nos alojamos era de lo más coqueto: el hotel Astoria, de la cadena Astotel, que ofrecía además de simpatía por parte de todo el personal una particularidad: una merienda desde las 14:00 hasta las 22:00 horas y no solo en su hotel, en cualquier establecimiento de su cadena por toda la ciudad, y para poder disfrutar tan solo debías mostrar la tarjeta de tu habitación. Te entregaban un mapa con sus hoteles marcados y si entre las horas indicadas te encontrabas cerca de alguno podías entrar y saborear la merienda: bebidas frías no alcóholicas, cruasanes, té, café, fruta y gominolas. Se agradeció el detalle

Seguíamos paseando, entre el calor y mucha gente, turistas que se mezclaban en las aceras y cafés con los parisinos que abandonaban sus trabajos. Para desplazaros de un punto a otro los autobuses ahora en verano restringen su horario, pero está el metro para moverse, muy bien indicado. Aunque si tenéis la necesidad de pedir un taxi hacerlo, no son ni caros ni baratos, lo normal tal y como pueda ser ese servicio en España. Con la salvedad de que si sois cuatro personas os pueden cobrar un suplemento de 4 euros por ese cuarto pasajero, aunque no todos los hacen, yo pude comprobarlo.

MONTMARTRE: DE LA PANTALLA AL DISFRUTE CON LOS 5 SENTIDOS

Seguimos callejeando y para mi quedaba lo mejor: Montmartre, sí, el barrio de Amelie, una de mis películas favoritas. Para esa mañana reservamos una ruta a pie, tengo su permiso así que puedo decir que fue con el Tour Buendía, y Tamara, una de sus guías, nos ofreció un delicioso paseo por la zona. Siempre que viajo recomiendo este tipo de visitas, porque todo son ventajas: los datos históricos que ofrecen, las anécdotas, las curiosidades, las recomendaciones sobre qué visitar y dónde comer… Sin olvidar la simpatía y el buen hacer.

Empezamos la visita frente al Moulin Rouge y la culminamos en la iglesia del Sacre Coeur. Y cada paso que dábamos era para mí una delicia y de nuevo volvía a dibujarse en mi boca una media sonrisa, se me iba sola, única y exclusivamente porque sabía que me iba a encontrar con «Des deux moulins», el  café de Amelie. La guía no lo anunció y eso fue para mí lo mejor, porque no sabía en qué momento íbamos a estar ante él y cuando al fin lo vislumbré…. Aquí cabe otro «Ohhhhh», no es el mismo que el de Notre Dame, este está cargado de otras emociones pero también es un «Ohhhh» importante.

Un café de película

Allí estaba yo, ignorando a la guía por una vez, en la acera situada justo enfrente y mirando y admirando ese escenario real de película. Me latía acelerado el corazón, sonreía para mí y para los que me quisieran mirar, como una mema era mi cara en esos momentos, lo sé sin verla reflejada en un espejo. Pero ¿acaso puede alguien poner una cara diferente cuando se encuentra con un lugar emblemático sea por la razón que sea? Por más que quiera tampoco puedo expresar todo lo que sentí y experimenté, no hay adjetivos así que me quedo con una palabra: felicidad.

Y pasé dentro, claro que sí, ¿cómo no hacerlo? No una, dos veces, la primera porque no podía resistir las ganas pese a no pedir nada para tomar, la segunda regresé a hacer una de las cosas que más le gustan a Amelie: golpear con la cuchara sobre el azúcar tostado de la Crème Broûlé (nuestra crema catalana, pero que se saborea de otro modo en el café «Des deux moulins»)

Amelie… ¿por qué verla?

Para quien no conozca la película mi más sincera y emotiva recomendación, por su música, por lo original del relato, por las peculiaridades de los personajes… Y por intentar describir solo un poquito a la protagonista: ella disfruta con cosas tan sencillas como el momento de la  cuchara sobre el azúcar tostado, introducir la mano en el saco de lentejas en la tienda del señor Collignon o hacer rebotar piedras en el canal Saint-Martin (podéis visitar este canal, yo no lo hice por falta de tiempo, pero dicen que es muy bonito, como así se aprecia en el película, aunque también se comenta que hay muchos mosquitos ¡andad con ojo!).

A mí, simplemente el inicio de la película, con la extraordinaria voz en off de Fernando Guillén ya me provoca cosquillas en los oídos. Amelie puede provocar pasión o total indiferencia y si ese es vuestro caso, aquí irremediablemente va un «ohhhhhh», el tercero y en esta ocasión muy grande, triste y emotivo.

Cuestas y recovecos con sorpresas

Continuamos con el paseo y subimos las cuestas, nos encontramos con los dos molinos que permanecen como recuerdo de los muchos que antaño existieron en ese barrio. En uno de ellos, en Le moulin de la galette, encontrareis un restaurante con dos estrellas Michelín totalmente recomendado.

Y de repente… ¿qué os parecería encontraros en plena ciudad con una viña? Sorprendente pero allí está, no es muy grande pero si lo suficiente como para impresionar ante la inesperada vista de ese bonito espacio verde. La segunda semana de octubre se celebra una feria internacional del vino, cortan algunas calles y se pueden degustar los mejores caldos del mundo, que tome note quien pueda viajar en esa época y le guste el vino.

Cúpulas y un catalejo

Callejear y pasear, subir y subir hasta llegar a lo más alto, hasta esa iglesia que se ve desde varios puntos de la ciudad, esas cúpulas inconfundibles del Sacre Coeur y como no, otro escenario de Amelie. Asomarte a la barandilla, mirar por el catalejo y querer ver lo mismo que veía Nino Quincapoix cuando Amelie lo cita en ese bonito lugar.

Podéis hacer el ascenso en el funicular y volver a pie o a la inversa, yo os animo a no perderos la cercanía de cada edificio de la zona y hacer el recorrido a pie. También disponéis de otra opción: arriba, del todo encontrareis a vuestra disposición varios míticos 2 caballos de Citroën que ofrecen rutas; sin duda otra forma de visitar la zona.

Nosotros descendimos a pie, pasando por la plaza de los pintores, llena de cafés, de gente con ganas de disfrutar, de casas coquetas en las que solo dan ganas de pedir permiso para pasar al interior. Muchos son los pintores que allí se reúnen y de los que podréis disfrutar de su arte en directo. Bajamos hasta la calle Abbesses, llena de restaurantes que ofrecen deliciosa comida a muy buen precio.

¿Qué hacer con  tu tiempo en París? Pues es una pregunta con miles de respuestas, tantas como planes, como personas y gustos pueda existir. Algunas personas me preguntan si he visitado las catacumbas o el cementerio de Père-Lachaise, otros preguntan por otros lugares, tantos… me repito como gustos y planes que realizar ¿De cuánto tiempo dispones? Y sobre todo: ¿qué te apetece hacer con ese tiempo? Sea como sea París siempre es una buena idea.

Autor

antonio.izquierdo.ai@gmail.com

Comentarios

5 agosto, 2019 a las 12:45 am

Paris siempre es una buena elección y tu lo has descrito con mucho gusto e ilusión. Parece que hubiese estado yo allí. Sigue viajando y escribiendo para contarlo luego.



5 agosto, 2019 a las 12:56 pm

He estado en París contigo mientras leía tu nueva entrada! A ver a dónde nos llevas ahora! Contigo todo es una aventura nueva llena de sensaciones



6 agosto, 2019 a las 1:01 am

No tengo el placer de haber estado de momento y digo de momento, en París pero gracias a tu entrada parece que la conociese un poquito mejor…espero llevar tus recomendaciones a cabo no tardando mucho….¡gracias por esta escapada!



7 agosto, 2019 a las 11:52 pm

Paris es increíble.Es de esas ciudades en las que te quedarías a vivir sin dudarlo,¡te atrapa!Estuve el pasado diciembre,un frío tremendo,a menos un grado en lo alto de la Torre Eiffel ,pero es tan espectacular estar ahí…nada puede fastidiarlo.
Recomiendo cenar en los barcos que recorren el Sena,los platos que sirven son de alta gastronomía y las vistas viendo Paris iluminado te dejan sin palabras.Sin duda para repetir y si es en modo pareja mejor que mejor.Paris es la opción número uno para los que buscan plan romántico 😊.



24 octubre, 2019 a las 9:18 am

Today, I went to the beachfront with my kids. I found a sea shell and gave it to my 4 year old daughter and said «You can hear the ocean if you put this to your ear.» She placed the shell to her ear and screamed. There was a hermit crab inside and it pinched her ear. She never wants to go back! LoL I know this is completely off topic but I had to tell someone!







17 noviembre, 2019 a las 4:16 pm

Thanks for ones marvelous posting! I certainly enjoyed reading it,
you could be a great author. I will be sure to bookmark your blog and will eventually come back someday.

I want to encourage that you continue your great work, have a nice afternoon!













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