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EVIDENCIAS E INDICADORES DE LA VUELTA A LA RUTINA

Ya ha arrancado septiembre, estamos inmersos en la rutina, pero he querido hacer un ejercicio de, llamémosle «puesta en común», como hice hace unas semanas en la entrada «Los imprescindibles del verano». En ese escrito formé, mediante el infalible e increíble poder de la escritura, un singular grupo de hermanos. Y gracias a algunos de mis amigos entonamos entre todos esas cosas que para nosotros eran el indicativo de que nos encontrábamos de vacaciones.

Vamos a reunir de nuevo a esos ficticios familiares para echar mano otra vez de sus recuerdos y opiniones, pero en este caso para hablar de esas evidencias e indicadores que nos anunciaron, hace tan solo unos días, de que inevitablemente las vacaciones tocaban a su fin.

Pero dado lo «sensibles» que nos volvemos con el tema creo que no será para hablar en el tono distendido en el que hablábamos de las vacaciones, porque a finales de agosto todos andábamos pensando en la vuelta, el inevitable regreso y eso se hace con tensión, con presión, con reloj… ¡¡¡porque vuelven los horarios!!! Y también los tacones, los sostenes, el maquillaje, esos semáforos interminables camino del trabajo… Porque vuelve el jefe, la puntualidad, los dossiers, los registros, los informes que entregar, las unidades didácticas, la contabilidad… los clientes, los compradores o los alumnos (según sea el caso, el negocio o la empresa)

Y si continuo un poco llegamos ante esa nevera que debemos llenar, los libros de texto de los niños que comprar y no únicamente eso, también toda la ropa del cole que se les ha quedado estrecha y corta por más que queramos sacar el dobladillo y negar lo evidente: que nos apetezca o no hay que salir de compras nada más regresar de las vacaciones.

Y ya que estamos aprovecharemos para comprar algo mono para nuestra rentrée, porque da igual si vuestro verano ha sido malo, regular o fantástico, eso para vosotros queda, nadie os va a pedir pruebas de vuestra diversión, ni os medirán los niveles de felicidad, aventura o actividades al aire libre realizadas y bueno en caso de interrogatorios intensos con preguntas de alto vuelo como: «¿Y tú qué has hecho?» «¿Dónde has estado?», siempre se puede mentir si no hemos hecho nada digno de ser relatado o decir la pura verdad: «Descansar… LEJOS DE TI».

Desde luego, al ver de nuevo a algunos  compañeros en nuestra vuelta no sonaría la canción de Nena Daconte: «tenía tanto que darte, (no, no le has comprado ningún souvenir) tantas cosas que contarte (pero no te voy a contar “ná”)… tenía tanto amor, guardado para ti (pero ya si eso te lo doy otro día»

Es por esto que el encuentro frente a frente y con repaso visual completo con esos compañeros a los que, seamos sinceros, preferimos tener más bien lejos durante el año pero que, al ser educados saludaremos con efusividad y evidentes signos de alegría, pues a esos hay que darles nuestra mejor versión, así que toca peluquería, maquillaje y modelito, o sea: un «chapa y pintura» de toda la vida. Porque tu verano puede haber sido un auténtico desastre pero se te verá tan estupendo/a que ya dará igual el resto de cosas que no hayas hecho o vivido. Llegar a tu primer día de trabajo como si te acabases de caer de la cama y aparecer con esa ropa roñosa con la que te has arrastrado durante días en la hora de la siesta eso debería ser ilegal.

Así que allá voy con mi micro historia de indicios y evidencias:

«Este verano, y dadas la altas temperaturas soportadas y sufridas, hubiera deseado saltarme esa estación, pero hablando con mis hermanos me di cuenta de que no era posible por todo lo que la época estival nos había aportado desde  niños y nos seguirá aportando de por vida. Pero las vacaciones se acaban y todos andamos con el mal humor y la incredulidad del “hay que volver”, sobrevolando sobre nosotros y entonces les pregunto que desde cuándo se han percatado de que ese regreso se acerca, qué fenómeno se da ante ellos para ver que es una realidad que regresamos al trabajo y en el grupo de wasap empezamos a opinar…

Mi hermano Jose lo ve en su calle, estos últimos días de agosto ya no había sitio para aparcar, a diferencia de este verano en el que sobraban plazas y todo eran huecos.

Playas vacías, maletas llenas

A Ana se lo indica toda la ropa y artículos de uso únicamente playero que debe guardar en ese que ella llama “el camarote”, que no es sino el enorme trastero de la casa familiar. Llenar las maletas con esas prendas huele inevitablemente a “esto se ha acabado”.

Después de llenar la maleta te plantas en la orilla de esa playa ahora casi solitaria y oteas hacia la lejanía del inmenso mar y hasta ti viene el recuerdo de una canción que te apetece cantar y chillar a pleno pulmón, allí, frente a ese mar que tantas tardes te ha dado de alegría: “Me voy, qué lástima pero adiós, me despido de ti y me voy…” Julieta Venegas no sabe lo útil que es su canción para todo en esta vida y no solo para despedir a un amor. En ese intenso momento la cara de tu jefe llega hasta ti y dos enormes lagrimones caen desde tus ojos hasta tus pies incrustados en la arena de la que no te quieres separar.

Salir hasta la orilla desde su casa de retiro vacacional y encontrar esta postal es sin duda uno de esos grandes indicios.

Y sí, Emilio, su marido, lo sabe porque debe sacar esos zapatos ideales para combinar con sus trajes con los que atender a sus clientes en el despacho, esos que guardó al inicio del verano.

Otro indicio para él son las tormentas que nos visitan siempre al final de agosto.

Todos hemos coincidido en que antaño, cuando mi abuelo José vivía y regresaba al pueblo desde su retiro veraniego en el campo, eso nos decía que las vacaciones se habían acabado. Era este un cambio de residencia importante, mi abuelo tenía lo que algunos de nosotros no tenemos: “una casa de vacaciones”.

Viva Sanse y la Tomatina

En la última semana de agosto se celebran muchas fiestas, mi hermana Sara, es fan de las de San Sebastián de los Reyes puesto que es grande la familia que allí tenemos y donde hemos compartido muchos fines de semana. Ella, esos días se pierde entre las calles bulliciosas, alegres de gente con ganas de pasárselo bien y viviendo los encierros delante o detrás de la barrera.

Pero para Sara, que las disfruta al máximo, siempre son también inevitablemente un momento agridulce, porque por las fechas de celebración van siempre a final de agosto y el calendario manda: tras ellas hay que regresar al trabajo. Despedir las fiestas es despedirse de amigos y familiares que allí deja y ese es el momento en el que la morriña por todo lo que deja la invade y la hace emocionarse hasta las lágrimas. ¡Ay las fiestas de su Sanse adorado!

Para mi es otra fiesta la que me da el indicativo, pero no porque asista a ella (si recordáis la entrada de los imprescindibles del verano yo soy la que disfruta con el tiburón devorando bañistas al ritmo de esa reconocible por todos banda sonora). Yo es que es ver en televisión la noticia de la tomatina de Buñol y es como sentir un peso enorme que me ancla al suelo, ya no voy tan ligera y con esa sensación de libertad de las horas muertas de las vacaciones. Al ver esa noticia noto el final de agosto casi en carne viva cuando veo a esos cientos de personas lanzarse tomatazos.

El tinte no es para el verano

Para mi hermana María José los indicativos son variados, entre ellos uno estético: el de aplicarse ese necesario tinte que ha estado eludiendo todas las vacaciones para que el cloro de la piscina y el salitre del mar no diera al traste con ese maravilloso producto capilar que la ilumina tapando canas y dando un brillo sin igual a su pelazo lleno de rizos.

Horror… ¡comida en mi nevera!

En agosto pasa muchos días en su casa de la playa, por lo que comprobar cómo se van marchando sus vecinos de estío es lo que a ella le indica que el fin se está acercando. Y como toca cerrar la casa llega ese irrepetible momento de comprobar que la nevera sigue llena y que todo lo ahí refrigerado debe consumirse porque bajo ningún concepto se le ocurriría llenar bolsas y bolsas para hacer mudanza de productos frescos o perecederos para arrastrarlos como invitados hasta su residencia habitual.

¿Qué es lo que toca entonces? Preparar comida como si no hubiera un mañana, que realmente no lo hay, no hay un mañana en esa casa playera porque al día siguiente os marcháis y por eso hay que acabar con las existencias de víveres, aunque no quieran los niños, aunque no le apetezca a nadie comer hoy de eso… Un “¡¡te lo comes!! Que hay que acabarlo” es la consigna a seguir esos últimos días, como si te da una angustia… mejor, así más hueco para seguir comiendo y agotando alimentos.

La pobre llega a ingerir helados sin gana alguna mientras no deja de pensar que porque tuvo que llenar el congelador hasta la bandera justo la semana anterior: cornetos de nata y chocolate, polos de palo de limón, naranja y mango, tarrinas de chocolate y turrón… Que el súper no está cerca de casa y tampoco es cuestión de estar bajando  a cada rato y mejor tener un surtido helado… ¡un surtido de celulitis que te vas a llevar de recuerdo de esa última semana!

Y entonces eso se convierte en otra de las evidencias de que la vuelta al trabajo está encima: ¡¡que no te viene la ropa!!

¡¡¡Ponte crema, niño!!

Otro indicativo para ella: el protector solar se está acabando, está en las últimas y te marchas en dos días y entonces te planteas si comprar otro, porque lo necesitas para lo poco que queda pero claro, el año próximo sabes que olerá a rancio y estará enterito… y no son baratos.

No me he visto en esa tesitura pero ¿yo qué haría?… Adelante, aquí va una buena tanda de consejos anti rayos uva:

Opción A: el día que definitivamente no quede protector solar a pesar de haberlo exprimido como la ubre de una vaca, ese día directamente nos largamos de la playa, se acabó bajar a la arena o…

Opción B: compro uno nuevo y lo derrocho, de nuevo como si no hubiese un mañana y pringo y unto y embadurno a los niños hasta dejarlos blanco nuclear o bien…

Opción C: no salimos de casa en horas de sol cuando ya no quede crema, permaneceremos encerrados hasta las seis de la tarde o también…

Opción D: le gorroneo crema a los vecinos que aún queden en el edificio. La excusa “se me ha olvidado arriba, que pereza subir ahora” es ideal y me miraran mal porque probablemente a ellos tampoco les quede mucho protector, pero no querrán parecer rácanos por no compartir y les ofreceré la excusa perfecta para que compren un tubo nuevo. ¡¡Si es que además les estoy haciendo un favor, leñe!! Porque sus niños son muy “blancurrios”, de tez lechosa y lo necesitan sí o sí y si me lo presta entre las dos lo gastamos ¡¡Y no se le pondrá con olor a rancio para el año que viene!! Todo son ventajas en esta opción.

Como los chorros del oro

Para mi hermana Verónica, también con residencia veraniega, el signo más evidente es cuando casi a punto de acabar las vacaciones no dejas de hacer traslados de «cosas que ya no vas usando» para llevar hasta tu domicilio habitual, es una mudanza en escalas o por etapas. Y el comprobar cómo tiene que ir echando a la maleta sus modelitos favoritos ya le hace ser consciente de que ha llegado el final.

Y sobre todo, esa casa que se cierra… ¿cómo ha de quedarse hasta el verano próximo? Pues como los chorros del oro, sin duda alguna y ahí te encuentras a mi hermana, atareada y dando más brillo a la casa playera que si fuese a venir el sultán de Brunei en visita oficial a pasar unos días.

Cuando impera la incertidumbre

Las evidencias de un final de vacaciones para quien tiene trabajo asegurado y para quien no lo tiene son muy diferentes, septiembre se abre ante estos últimos como una etapa de cambios y de desahogo económico, por lo que el mes, sin duda, se recibe con alegría y muchas ganas.

Hoy he coincidido con Cristina, la hija de mi vecina Clotilde y al verme algo apagadilla deseaba saber el motivo, y el tema fin de vacaciones ha salido al momento. Para ella ya no es un problema puesto que tiene trabajo fijo, pero hasta no hace mucho el final del verano representaba la incertidumbre de afrontar septiembre sin saber dónde trabajaría, y en caso de ser así especular sobre los compañeros que se encontraría o los cursos que realizaría para seguir formándose. Gracias a su actual trabajo, ese ya dejará de ser un indicio para ella, por lo que deberá ir buscando otro.

Llegan las ferias

Septiembre es mes de ferias en muchas ciudades y este es el indicativo que marca el fin de la diversión con la entrada en la rutina. Es así para mi hermana Ana, que disfruta esa época especial en la que degustar el turrón de patata en los puestos de la feria, lo es así mismo para mi prima Esther cuando la ciudad huele a feria, a palomitas recién hechas, a gofres, a churros, a algodón de azúcar… ¡¡a mazorca de maíz que tanto le gustan a Ana y a sus hijos!!

Ropa calentita… zapatitos cerraditos

Mi evidencia más desasosegante es la de la vuelta al cole de esos afamados grandes almacenes que todos tenemos en mente, anunciando a esos niños pertrechados de chándal de invierno, que sabes forraditos de pelete por dentro y luciendo parkas y trenkas cuando todavía hace este calor tan horrible.

El anuncio me hace sufrir sobremanera, porque me imagino a los pobres niños contemplando la publicidad y sufriendo pensando que, no solo han de volver al cole, sino que además deben hacerlo así vestidos, como si nuestra zona fuese espacio esquimal protegido.

Los cambios en los escaparates también son para mi hermana María José y para mí un claro, caluroso y sofocante  indicio de fin de vacaciones. A decir verdad observar esos botines con vuelta de piel en el tobillo, esas botas forradas de pelete (¡¡adoro el pelete en cualquier prenda!! por todos mis conocidos es bien sabido… modo irónico ON) o ver esos vestidos oscuros de manga larga y textura de lana que lucen los esqueléticos maniquíes me provocan ahogos y sofocos sin haber entrado en el climaterio.

Creo que de todos es sabido que este país goza de diferencias climáticas según la zona en la que nos encontremos, por lo tanto ¡¡¡señores encargados de la moda!! ¿Para cuando «ropa de final de verano»? Sííí, una nueva colección de la que poder disfrutar hasta que en esta calurosa zona entre el otoño. Se agradece cambiar de vestido pero no pasando de los tirantes a la manga larga.

Otros claros indicios

Las vacaciones se acaban cuando debes buscar por casa las llaves del trabajo donde las guardaste a principio de verano. Cuando por fin las usas y después de saludar a todos, te das cuenta de que parece que no te has ido y que tus experiencias estivales han sido casi un sueño.

En el intercambio de mensajes también hemos recordado cuando hace años los anuncios de coleccionables inundaban la publicidad en televisión y en los kioscos: grandes maestros de la poesía, tomos y tomos de los grandes pensadores de la historia de la Filosofía, clásicos de siempre, lo mejor del “Club de los Cinco”, monta tu propio submarino o el mítico dos caballos…

O esa noticia repetida todos los años del gasto medio por familia en libros de texto en este mes.

Mi hermano Joaquín está desconectado pero imagino que al igual que para todos nosotros el tema de volver a tener que conectar el despertador es el indicativo más notorio y sobre todo escandaloso. Escuchar ese sonido de nuevo, después de tantos días que ya ni recordabas cómo sonaba pone los pelos de punta y revuelve el estómago al más valiente.

Pero sobre todo el conectarte de nuevo a tus tareas y rutinas, puesto que sin duda alguna estar desconectado significa dejar de pensar en cada momento de tu semana, tener todos los días al minuto programados y organizados: lo que falta por comprar, las comidas de cada día, la ropa que no ha de faltar, uniformes de niños a punto, las citas médicas si las hay, actividades extraescolares y organizarte con tu pareja para llevar a los niños… Reuniones de trabajo, entrega de documentos, donde toca comer ese fin de semana: suegros o padres y visitas familiares varias; compromisos, horarios, puntualidad, programar, organizar, planificar… ¡¡VIVIR!!

La vuelta al cole ya está aquí

Y faltan los peques de la casa, para ellos sin duda no hay nada que lo indique mejor que la vuelta al cole, Ana lo ilustra bien, ahí tenéis a esa madre arrastrando a su hija con un soberano berrinche (imagen que luego veremos en las noticias repetida mil veces), o la “Seño” que llega al cole con cara de cero ilusión, él único que parece feliz es el niño de la bicicleta, seguro que  piensa en el reencuentro con sus compañeros.

Los hijos de mi hermana Yolanda lo han vivido de manera diferente, Rubén es mayor, deja atrás a los primos en el pueblo, lejos de su residencia habitual y eso le hace entristecerse hasta las lágrimas, Diego, su hermano pequeño lo consolaba de la manera más tierna. Tiene tres años y este será su primer año en el cole de mayores, esa ilusión ante lo nuevo es lo que le hace mostrarse feliz y relajado con la vuelta y quizá esa actitud, que ya perdimos hace años, es la que deberíamos recuperar, la de ilusionarnos por algo todos los años en todos nuestros regresos al trabajo.

Todos deberíamos ser cómo Diego: sin preocupaciones, llenos de ilusión por lo nuevo, alegres ante lo inesperado, acogiendo felices todo lo nuevo que está por venir, una actitud inteligente que haría desaparecer el estrés post vacacional, ahora bien, conseguirlo ya es más complicado, pero podemos intentarlo durante esta primera semana de regreso a ver qué tal nos va. ¡¡Animaos! ¡¡Seamos cómo Diego!! Sin duda la mejor medicina para la vuelta de las vacaciones.

Autor

antonio.izquierdo.ai@gmail.com

Comentarios

7 septiembre, 2019 a las 12:09 am

Ya se terminó queramos o no. Cuanta razón tienes en todas y cada una de tus situaciones, que en la mayoría de los casos nos ocurren todas o casi todas, a todos o casi todos.



7 septiembre, 2019 a las 9:34 am

Quiero ser como Diego! Me declaro seguidora de su filosofía de vida. 😍



Cristina Logopeda
7 septiembre, 2019 a las 10:00 am

Es curioso ver como a pesar de que cada uno vive el final del verano de una manera distinta, todos tenemos el mismo sentimiento en común y un poco la «tristeza» de que lo pueno se acaba. Es por eso que me uno a los otros comentarios, afirmo la filosofía de Diego y empiezo a pensar en afrontar cada etapa con la alegría que se merece por los nuevos momentos que pueda surgir!



7 septiembre, 2019 a las 10:03 am

Como siempre me haces esbozar esa sonrisa cuando leo y compruebo la realidad de tus palabras. Muy grafica, muy real y hasta entrañable el reconocer esas situaciones si no fuera porque… se acaba el verano!!!



    20 septiembre, 2019 a las 7:32 pm

    Sirva esta respuesta a tu comentario como disculpa al resto por mi retraso en responder, ando inmersa en la corrección de una novela que saldrá en breve a concurso y el tiempo se me está echando encima a la carrera y en Fórmula 1.
    Y ahora sí, en respuesta a tus agradables palabras decir que, lo mejor que puedo hacer cuando escribo y después me leen es dibujar sonrisas en todos vosotros.



24 octubre, 2019 a las 9:11 am

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