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Cine

ESTRENO DE CINE: PARÁSITOS

«Una buena película a la semana es cosa sana», cinéfilo dicho que me acabo de inventar pero que sin duda debería popularizarse en beneficio de la humanidad. Yo me estoy aplicando al dicho y he vuelto a recuperar una de mis buenas costumbres: visitar las salas de cine una vez por semana.

 Y como ya comenté en la entrada de A rainy day in New York del genial Woody Allen lo he hecho en una de las pocas salas que permanecen abiertas en el centro de la ciudad. Esas islas de evasión y entretenimiento que todavía no han engullido ni fagocitado los grandes centros comerciales de las afueras con sus enormes multisalas.

En esta ocasión elegí una película coreana que ya ha dado mucho que hablar y que al parecer, si todos los pronósticos se cumplen, será la ganadora a mejor película extranjera en los Oscar. Y de conseguirlo será un premio muy merecido porque la cinta no puede ni debe, remarco esto, porque creo que no debe pasar desapercibida para nadie.

Bong Joon Ho es el director, entre otras, de la opresiva cinta Snowpiercer, una película que ya transmite el sentir del director a la hora de establecer las diferencias entre las clases sociales; ya sea ambientando su película en la actualidad como ocurre en Parásitos, como el futuro desalentador que nos hace llegar con ese tren Rompenieves cargado de miseria, rebeldía y odio hacia el opresor.

Parásitos: justa ganadora de premios

Ganadora del Festival internacional de Cannes nos encontramos con una historia de comedia/drama negro, muy negro, tanto que no hay posibilidad de claro oscuro. El mundo que el director Bong Joon Ho nos dibuja no es sino un retrato real y auténtico de la sociedad en la que vivimos. En este caso nos toca asomarnos a esa realidad en Corea del sur, pero la película bien podría estar ambientada en cualquier país.

Una película con tintes del genial Hitchcock, no hace falta materializar el miedo ni tampoco el horror con imágenes sangrientas o de violencia extrema, la sucesión de frías acciones que los personajes van provocando hacen crecer en el espectador de un modo silencioso, sinuoso y sin apenas darte cuenta, un miedo final a que algo como lo que acabas de visualizar pueda ocurrirle realmente a alguien.

Aquí tenéis el tráiler de Parasitos, para ir haciendo boca.

La idea es sencilla: ricos y pobres, clases altas y bajas, ganadores y perdedores, aquellos que lo tienen todo y los que ansían conseguirlo y en este caso, ambos Parásitos, porque unos viven de otros. Y no solo hablo de lo económico, es que los otros, los ricos sin los pobres, y las funciones que estos ejercen en sus vidas, no sabrían ni vivir. De hecho así lo vemos puesto que Parásitos son tanto pobres como ricos, estos últimos porque no son capaces ni de ocuparse de su casa, sus hijos, su ropa o de conducir su propio coche.

La oportunidad llama a tu puerta

Sin hacer spoiler os intento hacer un retrato de la película: una familia pobre viviendo en un lugar nada agradable. La suerte se aparece a uno de los miembros de la familia con la forma de unas clases particulares para la hija de una familia rica. Curiosamente esto fue algo que el propio director vivió siendo más joven y de esa experiencia fue fraguando esta historia.

Cuando el chico llega a esa lujosa casa, antigua propiedad de un eminente arquitecto, creo que ni falta hace decir lo deslumbrado que queda con todo lo que ve y rodea a esa familia. Hasta aquí estamos atentos a la pantalla y no podemos ni siquiera intuir de qué va la película ni cómo se desarrollará la trama, parece una historia de lo más anodina y sencilla. Porque lo es, la verdad, no tiene gran parafernalia ni diálogos complicados ni enrevesados.

Podemos pensar que este muchacho es feliz con esa oportunidad de mejorar en algo su vida y estamos pendientes de lo que ocurrirá. Ya casi nos hemos olvidado del resto de miembros que acompañan su mísera vida en esa desoladora y atiborrada casa llena de trastos de la que casi podemos percibir el olor a comida que sale de la diminuta cocina. También parecen llegar hasta nuestras fosas nasales el tufo a orines procedente de la calle en la que los borrachos se alivian a diario frente a la ventana de su salón, puesto que viven en un sótano.

El plan

Sin que lo veamos, sin que escuchemos a los protagonistas hablarlo pasamos a ver ante nuestros ojos cómo la familia pobre ejecuta un plan aparentemente perfecto: que todos los miembros de esa familia de clase baja entren a trabajar para la familia rica. Como uno a uno los antiguos empleados van siendo despedidos es algo que no tiene desperdicio y arrancará en la sala más de una carcajada.

Carcajada que, tras ser lanzada a la oscuridad de la sala, casi que te arrepientes de sacar afuera, porque te das cuenta de la dureza de lo que está pasando en realidad con ese plan. La ejecución de este y ver como se desgrana poco a poco en todas sus terribles fases creo que es de lo mejor de la película. El director juega con eso, con que lo veamos poco a poco sin haberlo relatado, cómo surge de esa familia pobre como si fuese algo de lo más natural, es lo que tiene que ser, lo que ellos deben hacer para seguir existiendo.

Llega un momento de la película en la que ya no te ríes al ver de lo que es capaz de hacer el ser humano por sobrevivir, y te das cuenta de que lo estás observando desde una cómoda butaca de cine, calentito y sin pasar frío y no puedes abstraerte a la sensación de horror ante todo lo que está ocurriendo ante tus ojos y sabes perfectamente que lo que te están contando ha pasado y seguirá pasando porque las clases sociales están ahí, la pobreza está ahí y la gente que vive sin preocupaciones de ningún tipo también.

Gente rica que percibe el olor de los pobres, ese que percibe hasta el niño de la casa: «todos huelen igual» les dice a sus padres acerca del nuevo personal del servicio. Los miembros de la clase más acomodada los aceptan entre ellos mientras les sirvas para un fin, pero para nada más, ni pensar en meterse en el metro porque huele a ellos, a pobres. Este tipo de comentario, que puede ser de lo más normal entre ellos, será la perdición de uno de los protagonistas cuando todo se desmanda y vemos que no hay vuelta atrás en ese plan tan «bien» concebido.

¿Es buena idea tener siempre un plan?

Pues tal y como el padre de familia le dice a su hijo: mejor no tenerlo, porque todo en la vida no se puede planificar, es mejor dejarse llevar y fluir con la corriente. Cuando te aferras a un plan y este no resulta como lo habías ideado llegan las frustraciones, las desilusiones y ya si te aferras a ese plan como lo que debe ser sí o sí y la vida te va en ello puedes llegar a sufrir cosas terribles.

Y eso es exactamente lo que le ocurre a esta familia. Un plan que les arruinará más, si es que eso es posible, dadas sus condiciones, aunque ahora la ruina será moral, desgarrándolos por dentro con pérdidas irrecuperables que ni el mejor plan del mundo podrá ya devolverles.

Parásitos o asómese a la ventana de la realidad

Recomendable si no decir que de obligado visionado por todos, una película que no puede ser únicamente eso: un ver pasar una sucesión de imágenes dotadas de diálogo. Creo que está destinada a remover conciencias y mirar un poco más a los demás.

¡¡Feliz cine!!

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Autor

antonio.izquierdo.ai@gmail.com

Comentarios

20 noviembre, 2019 a las 10:36 pm

Ya me habían recomendado esta película y tal como la describes y los gustos que te reconozco como tuyos, debe gustarme. Iré a verla.



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